¿Qué es el ACV?

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El Ataque Cerebral, también llamado ACV (accidente cerebrovascular) o stroke, es la manifestación de una repentina alteración en el flujo sanguíneo cerebral. Esto puede ocurrir porque una arteria se tape (isquemia) o se rompa (hemorragia). La arteria puede taparse a causa de un coágulo o trombo, que pueden originarse en una arteria del cerebro, del cuello o en el corazón. Por otra parte, las arterias pueden romperse, ya sea porque se han vuelto frágiles, como ocurre en las personas con presión alta, o porque tengan alguna anormalidad como dilataciones (llamadas aneurismas) o conexiones anormales entre arterias y venas (malformaciones arteriovenosas –MAVs), entre otras.


Es una enfermedad frecuente, se estiman 40.000 casos nuevos por año en Argentina. Según los últimos datos, solo en 2015 murieron más de 20.000 personas en todo el país por esta causa, es decir, 4 veces más que por accidentes de tránsito. Además, la frecuencia de ACV aumenta con la edad: después de los 55 años el riesgo de una persona de padecer un ACV se duplica cada 10 años.


¿A través de qué síntomas se manifiesta?


Una gran variedad de síntomas pueden ser producidos por el ACV, técnicamente cualquier función del cerebro puede ser afectada. El inicio del síntoma es típicamente brusco, de un momento a otro. Los síntomas más comunes son: debilidad y/o alteración de la sensibilidad en la mitad del cuerpo o solo de la mitad de la cara, un brazo o una pierna. Problemas para ver, hablar y/o entender, confusión, dolor de cabeza, vértigo (sentir que todo gira), pérdida del equilibrio, dificultad para leer o escribir, etc. En ciertos casos la persona que sufre el ACV puede no darse cuenta de ello, por eso es importante asistir a quién repentinamente presenta un síntoma neurológico, llamando a la ambulancia para acudir a la guardia lo antes posible. Si bien estos síntomas pueden ser causados por otros trastornos, es necesario que sea el médico el que lo evalúe. No hay que intentar dar medicaciones para la presión o descansar a la espera de que mejore. Específicamente en el ACV Isquémico, los tratamientos más efectivos se aplican dentro de las primeras horas de iniciado los síntomas y en ambos (isquémico y hemorrágico) mientras antes se trate mejor será la evolución.
En ocasiones el síntoma dura poco tiempo, debido a que la arteria se destapa espontáneamente y la persona mejora rápidamente, a lo que se denomina Ataque Isquémico Transitorio (AIT). Es muy importante recordar que esta mejoría no debe evitar que vayamos a la guardia, ya que debe estudiarse y tratarse de manera similar al ACV. Un número importante de AIT presentan un ACV horas o días después, lo que podría ser evitado con el correcto estudio y tratamiento. 


¿Se puede prevenir?


La mayoría de los ACV pueden prevenirse, para ello es necesario realizar los controles periódicos de salud con su médico, tratar y controlar la presión arterial, la diabetes, el colesterol, dejar de fumar y no estar expuestos al humo del cigarrillo en el ambiente. Tener un peso adecuado y realizar actividad física aeróbica. Mejorar la dieta, aumentando en gran cantidad la fruta y la verdura en la comida y disminuyendo las grasas de origen animal. Reducir el consumo de sal. Estar bien de ánimo, tener amigos y hacer actividades de grupo, ya que la depresión y el aislamiento social se asocian al ACV. Tener las vacunas al día para evitar infecciones, acudir al odontólogo y tener un buen estado dental, disminuyen el riesgo de sufrir un ACV. Y, principalmente, mantenerse informado con fuentes confiables de información, por ejemplo, concurriendo a charlas a la comunidad y consultando a su médico sobre prevención.